La historia de un cristiano

La historia de un cristiano

«Mediante la gracia te he ofrecido mi salvación, transformación y perdón.»

Por Daniel Grijalba

Había un hombre llamado Condenado, era una persona común y corriente, al igual que muchos, desconocía que por su pecado estaba sentenciado a vivir separado de Dios en la tierra y en la eternidad. En este mundo no se relacionaba con Dios y no lo tenía en cuenta en sus decisiones. En el mundo venidero permanecería lejos de Dios, su destino era el infierno.

Una mañana tuvo un encuentro inesperado, Cristo se cruzó en su camino y le dio este mensaje: «Tienes una deuda que no puedes pagar, pero te hice un favor, la pagué por ti. Te di un regalo que se llama “gracia”. Sólo debes creer que yo pagué tu deuda. ¿Lo crees? Si es así, ven y sígueme». Condenado se dispuso a seguirlo, en ese momento Jesús le dijo «ya no será tu nombre Condenado, desde ahora te llamarás Cristiano, eres mi discípulo».

Cristiano tenía sentimientos encontrados: una enorme alegría por haber sido salvado de la condenación y una gran ansiedad ante el reto de seguir a Cristo. Horas después de tan memorable encuentro, Cristiano pecó y tuvo miedo de acercarse a Cristo por lo que decidió visitar a un concurrido maestro.

Fue a casa de Libertino, era un lugar impresentable. Cristiano le contó lo sucedido y Libertino le respondió: «tranquilo, a todos nos preocupa el pecado al principio, pero luego uno termina acostumbrándose. La gracia está disponible para que peques con libertad, lo importante es que pidas perdón a Dios, recuerda que «el que peca y reza empata». Después de ser perdonado por Cristo, sigue tu vida como si nada hubiese pasado, no tienes que cambiar. Si llegas a sentirte culpable por pecar recuerda que puedes venir, tendré un mensaje listo para hacerte sentir mejor.” Cristiano se fue contento, pero fue abordado por un hombre que le habló de la mala fama de Libertino y le recomendó visitar al respetado maestro Perfeccionista.

Decidió ir a consultarlo. Cuando llegó a su casa quedó deslumbrado, era un recinto impecable. Cristiano le contó lo que había sucedido. Inmediatamente el maestro se apartó de él y le expresó: «¿Cómo fuiste capaz de hacer eso? No debes abusar de la Gracia. Voy a responderte rápidamente porque quiero que abandones mi casa. Necesitas borrar la mancha del pecado cuánto antes, así que vas a ayunar por tres días y luego vas a vender la mitad de lo que posees para hacer obras de caridad. Cuando peques debes establecerte castigos, para evitar que seas muy laxo, es mejor que vengas, yo te ayudaré a establecerlos. Ya Cristo te perdonó, ahora tienes que cambiar con tu propia fuerza.» Cabizbajo salió llorando, se atormentaba al pensar que podía perder el regalo de la gracia. Al levantar su cabeza vio que Cristo estaba frente a él invitándolo a caminar.

Cristo empezó a hablarle: «sé lo que pasó, realmente no hay ninguna razón para que huyas de mí, permanece a mi lado y me conocerás mejor. Libertino te enseñó mal, mi gracia no te da libertad para pecar, ella te libera del pecado para que puedas obedecerme. Después de creer en mí necesariamente vas a cambiar. Debes arrepentirte verdaderamente y luchar contra el pecado. Ve a la casa de Libertino y dale estos consejos: ora para que no caigas en tentación, pide ayuda a cristianos maduros en la fe, has cambios en tus hábitos ¡no te rindas!”.  

Frente a las palabras de Perfeccionista, le señaló “él también te enseñó erradamente, la justicia humana no puede borrar la mancha del pecado, sólo mi sangre puede hacerlo. Tus esfuerzos no son suficientes para cambiar, confía en mí. Busca a Perfeccionista y dale estos consejos: reconoce que el proceso de transformación va a durar toda tu vida, recuerda que Dios es paciente, recibe su perdón y ríndete en gratitud a Él”.

Cristo finalizó con estas palabras: 

“Mediante la gracia te he ofrecido mi salvación, transformación y perdón. Mi gracia te libera del castigo del pecado para que puedas estar reconciliado con Dios y te libera de la esclavitud al pecado para que puedas obedecer a Él. Mi gracia es constante perdón y transformación. Vete y no peques más.”

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